Hay habitaciones que no necesitan una reforma: necesitan una pieza. En la segunda residencia de unos clientes resolvimos el encargo con cabeceros diseñados y tapizados a medida, uno para cada dormitorio, con la misma familia de tejidos y tres registros distintos.
El vichy azul manda en el principal, con un ribete cosido que dibuja el canto y separa la pieza de la pared. En los demás, rayas: unas finas y verticales, casi de sábana antigua; otras anchas, en tonos tierra, que bajan la temperatura del cuarto sin apagarlo.
Un cabecero a medida cambia la escala de un dormitorio más que cualquier otro mueble. Se apoya, no se ancla, y ocupa el ancho exacto de la cama o algo más. Es la pieza que marca la diferencia entre un dormitorio de paso y uno en el que apetece quedarse.
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